jueves, 31 de enero de 2008

SECOND LIFE, UN JUEGO ???



Estamos en una época donde el sentido de la existencia se ha perdido en el propio esfuerzo por mantenernos en una realidad que nos exige la permanente entrega a lo exterior como valor axiológico.

Para alcanzar la felicidad necesitamos un Personaje que nos devuelva a través de una imagen especular, el rostro de ese yo ideal, inalcanzable, huidizo y solitario, y que nos de la posibilidad de ser protagonista y antagonista de nuestra propia existencia y de la de nuestros seres queridos si es posible; en ese “uno mismo” y “personaje” quedan unidas las coordenadas de lo denso de lo cotidiano y del existir con de lo inédito y lo singular de los personajes.

Así, edificamos un mundo cuyos senderos nos llevan cada vez más lejos de una imagen esencial, y cada vez más cerca de la realización y representación del deseo, de un deseo del Otro, sin que eso excluya un componente narcisista.

En esta concepción “hacia fuera”, la necesidad de comunicarse e integrarse es imprescindible, porque la mirada no alcanza a abarcar la totalidad establecida entre la distancia que aparece entre uno y nuestros personajes, necesitamos la configuración de una sensación de alteridad que achique estos espacios y acorte las sensaciones de ausencias, y nos otorgue la libertad de "ofrecernos" como objeto de la mirada externa; salirnos de sí para penetrar y atravesar el campo de la visión y forjarnos así una identidad múltiple conformada por todo aquello que nos pertenece como personaje.

Así el juego parece puestas en escena de juegos fragmentados, insólitos, que se reunen como piezas de un rompecabezas que exige una dinámica interior de los deseos para conformarse. Necesitamos también la voluntad de existir independientemente de la voluntad de los demás pero sostenida por la atención de los demás. Una voluntad que unifique en el esfuerzo lúdico, las piezas de la existencia para asociarlas en la fórmula de la extrapolación del sí mismo con los personajes. Así formamos parte de ellos y ellos a su vez nos pueblan, son representaciones de deseos, frustraciones, expectativas, pero también son protestas de la imposibilidad de mantener el "juego infantil" como construcción para Ser…

Pero esto nos condena en realidad a una soledad perfecta, circular. El anhelo apasionado, visceral, por llegar a la “Felicidad Eterna”, a la perfección sentimental y conceptual, nos separa virtual y funcionalmente del mundo real. De ahí el sentido trágico de una existencia que no acepta el encasillamiento tradicional de lo cotidiano, pero tampoco a la muerte como renovación. El efecto inmediato de esta situación será la evolución paulatina hacia el término límite de la existencia, que es y no es la muerte, mantenida a distancia por el efecto no destructivo de su acontecer.